Wednesday, May 14, 2008

14

Quisiera dormir nuevamente,
pero mas que todo soñar,
pues solo junto a ti
supe que una canción
siempre acompaña nuestras palabras.


No era de noche,
pero igual te marchaste,
y de tu voz, de tu calor
solo la emoción perdura.


Hoy estoy más solo que ayer.



Wednesday, May 07, 2008

...

Viendo que la naturaleza era exenta de ser humana, dios descendió del cielo vestido de divinidad (desnudo) y sumergió su cuerpo diáfano en el mar. Así dejó que cada ola beba de su infinita sabiduría y permitió que lleven su piel reluciente hacia la arena. Puso un pie en la orilla, y antes de continuar caminando oyó la voz de los hombres que lo habían estado observando en silencio. Padre, aquí no se puede caminar desnudo. Errare humanum est, respondió.



Y nunca más volvió a hablar con los hombres.




Wednesday, April 30, 2008

Viento del este

La mujer llegó caminando a la orilla del mar y escribió sobre la arena húmeda “viento del este que te has de llevar mis recuerdos, guarda para siempre el sonido de mi voz”. Luego dejó que el atardecer y las olas las envuelvan en una cortina crepuscular y lentamente se convirtió en una estrella de mar. Así cumplió su sueño de viajar al horizonte y contemplar por siempre la extensión del universo infinito.



Wednesday, April 23, 2008

El jardín sombrío

Con el cálido aliento
de la luna
la única flor
del jardín sombrío
cerrará sus ojos
y caerá en el abandono
de su muerte.


El esplendor del universo
derramará sus lágrimas,
y partirán con ellas
las olas y el viento
que habitan
la playa sin nombre.


Y yo partiré con ellas,
allá donde la soledad
no te alcanza.

Wednesday, April 16, 2008

Charly Carrasco

Charly Carrasco no tardó en comprobar que su cápsula espacial era una verdadera basura. Tenía un tablero repleto de relojes y censores, pero sus lecturas variaban con sólo su respiración, los controles de temperatura y combustible seguían marcando el mismo estado desde que despegó, el motor, pese a estar en marcha, aparecía apagado. Maldita porquería, pensó Charly. Se sentó junto al aparato de comunicación y recibió la información del día. Comandante Carrasco, escuchó, como corresponde al protocolo de emergencia de nuestra gloriosa institución… díganme que sucede ahora, gritó, pero no lo podían escuchar, el transmisor nunca funcionó. Es nuestro deber informarle que los cálculos de distancia, aceleración y velocidad han fallado. Por lo tanto, a partir del día de hoy, y mediante resolución suprema firmada por el presidente de la república, usted será declarado héroe nacional, pues se ha confirmado que su cápsula no podrá regresar a territorio nacional e indefectiblemente morirá en el espacio.


Se quedó helado por la noticia y porque el termostato bajó la temperatura a menos 4 grados. Miró de nuevo al espacio y al bajar la mirada se dio cuenta que el medidor de oxigeno tampoco registraba lectura alguna. Tenían razón, se iba a morir en esa cápsula. Prendió la bitácora de vuelo y mandó a todos los mandos militares la mierda, incluyendo al presidente, los congresistas y hasta los vigilantes de su cuartel, insultó y berreó hasta que se quedó afónico. Lloró, pidió perdón a su madre, mandó saludos a sus pocos amigos y después cantó el himno nacional.


El comandante Charly Carrasco, se quedó temblando por el frío y después de estornudar se quedó totalmente a oscuras. El sistema eléctrico interno colapsó y ya no volvió a funcionar. Solo pudo seguir mirando las estrellas distantes mientras el oxigeno se le fue acabando.


Meses después, por presión de los medios de comunicación, saldría un equipo de rescate para traer sus restos. El gobierno ocultó la verdad unos días, pero después se supo todo lo relacionado a la fábrica de bicicletas que construyó la cápsula. Semanas después, varios países enviaron una carta pidiendo que rescaten la cápsula, pues según un convenio internacional no se podía dejar basura en el espacio.



Wednesday, April 09, 2008

Mengano

El café desciende lento y va calentando su cuerpo, más no su alma. Mengano se ha sentado en una esquina del departamento viejo y frío. No hay cuadros, flores ni adornos, un papel tapiz que se va despegando conforme la penumbra avanza y la taza humeante se posa en la mesa con un suspiro. Los mismos zapatos de hace años, las suelas cambiadas una y otra vez. La plata no alcanza ni para acompañar el café.


Intenta quitarse el sopor de los huesos y toma el portafolios de cuerina arrugada por el trajín y las madrugadas. Una última mirada al espejo y contempla sus treinta años que aparentan noventa cuando intenta sonreír, el cabello ralo peinado a un costado. Mengano se mira con la nostalgia del abandono forzado y sale al corredor. Mientras desciende por las escaleras, el ruido de la calle va aumentando hasta convertirse en un zumbido, pero mantiene el mismo paso lento y cansado. Las suelas se deslizan silenciosas, como resignadas a su destino. Mira la calle y comienza a caminar, adentrándose en una ciudad que despierta entre volutas de petróleo y el rugido de los motores. Lo espera el bus de siempre, las mismas miradas, el mismo conductor. La misma parada, el mismo camino. La vida es tan repetitiva, suspira.


De nuevo frente al edificio de oficinas, a la inmensa entrada que lo intimida y a las escaleras negras e interminables. Odia los ascensores, cada vez que pasa frente a ellos lo repite. También odia las escaleras y la oficina, pero no su escritorio. Lo acepta como el reo acepta la cadena que le impide ser libre. Otra taza de café y mientras el reloj marca las 8.30 se sumerge en los papeles, los archivos y la vida que no quería cuando era niño. Mengano atiende llamadas telefónicas de gente que nunca ha visto y responde con eficiencia documentos que no llega a entender del todo. Hace una pausa después de horas y deja los papeles a un lado. De nuevo un suspiro hondo y contempla una foto que resume toda su vida. Siempre la observa a la misma hora. En ella una pareja lo mira feliz. Están en un muelle blanco e interminable. Las vértebras de una ballena blanca que se murió al salir del mar. Eso le dijo a la chica que aparece a su lado y ella reía sobre el ruido de las olas, así les tomaron la fotografía. Así recuerda esa mañana y por un instante siente de nuevo el calor de sol en su piel, la brisa marina y las caricias de un cabello negro que olía a limones frescos. El aroma del amor distante piensa, el amor distante huele a limones frescos para él.


La tarde se deja caer por su ventana y la oficina se va quedando vacía. Siempre es el último en salir, pues nadie lo espera en casa. No es lo mismo llegar a un cuarto vacío y encontrar la taza de café del desayuno sobre la mesa solitaria. De nuevo al bus y a los pasos que hacen eco en la calle. El almuerzo es un recuerdo distante ¿qué almorcé? Ya no importa, da lo mismo. La llave gira en la cerradura y la oscuridad se disipa con el clic del interruptor. La ropa sucia lo espera en el sofá, igual que la taza en la mesa. Las llaves aterrizan sobre una silla y el agua fría de la ducha le recuerda que ya pasó otro día.


Una taza de café antes de dormir. La vida es a veces como una taza de café, amarga y caliente cuando quiere. Desde la calle se ve su imagen solitaria pero no su soledad. Apaga las luces y antes de dormir en el sofá recuerda la foto que lo saca de su oficina. La ballena blanca y la pareja sonriente. Ojala él fuera el tipo que abraza a la chica, pero él solo les tomó la foto. Les prometió enviarla pero nunca lo hizo, era mejor conservarla. Sólo Mengano sabe cuanto vale preservar un recuerdo inventado.


Wednesday, April 02, 2008

Cuento corto

Ese era un niño
que quería ser astrónomo,
y la noche, una noche,
le susurró:
“Cubre el espacio
que hay entre estrella
y estrella,
sólo así podrás observar
que el universo es infinito”

Y la mañana llegó
con sus sueños en el cielo,
pues el mundo nace cada día
en los ojos de aquel niño.